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¿Qué pensamos?

Nos toca educar en el siglo XXI.

 

El mundo nunca había cambiado tan rápido como lo hace ahora. Los alumnos que empiecen este curso en esta escuela se jubilarán en el 2075. Nadie tiene ni idea de cómo será el mundo dentro de 10 años, y mucho menos en 2075.

 

Por un lado está la tecnología, en especial la tecnología digital. Está progresando a tal ritmo que la mayoría de las personas no alcanzan a entenderla. Como adultos la mayoría nos desenvolvemos bien, y algunos incluso son expertos. Pero comparados con la mayoría de las personas de veinte años somos meros aficionados. Estas personas nacieron después de la revolución digital. Aprendieron a hablar en digital como lengua materna.

 

Si añadimos a esto el impacto del crecimiento demográfico, la población mundial se ha multiplicado por dos en los últimos 30 años, predecir los cambios que están por venir, se hace imposible.

 

Estamos viviendo una época de cambio global sin precedentes, podemos identificar las tendencias con vistas al futuro, pero hacer predicciones exactas es prácticamente imposible.

 

El único modo de prepararse para el futuro es sacar el máximo provecho de nosotros mismos, debemos enfrentar el desafío que implica el futuro pensando de manera diferente acerca de los recursos humanos y de cómo desarrollarlos.

 

El primer paso será repensar cómo educamos. Este será el corazón del cambio.

 

La mayoría de los sistemas educativos de masas se crearon relativamente hace poco tiempo, en los siglos XVIII y XIX, y se diseñaron para responder a los intereses económicos de aquellos tiempos, marcados por la Revolución Industrial en Europa y Norteamérica. Las competencias en matemáticas, ciencias y lenguas eran imprescindibles en las economías industriales.

 

La consecuencia es que muchos de los sistemas escolares nos inculcan una visión muy reduccionista de lo que es la inteligencia y la capacidad personal y sobrevaloran determinadas clases de talentos y habilidades. Al hacerlo, descuidan otras igual de importantes, limitando así el potencial humano y por lo tanto colectivo.

 

Debemos desarrollar un nuevo paradigma: entender la importancia de cultivar el talento y comprender que éste se forma de manera diferente en cada individuo.

 

La educación es el sistema que debe desarrollar nuestras habilidades naturales y capacitarnos para que nos abramos paso en la vida. Debemos crear escuelas en las que exista un conocimiento profundo del niño (un niño que está en construcción neurológica, psíquica y emocional, social e intelectual) en las cada niño se sienta inspirado para crecer. La escuela debe buscar esas inteligencias y talentos en sus alumnos e inspirarles para hacerles creer en sus posibilidades y posibilitar su desarrollo. La educación debe ser personalizada. El profesor debe mirar a los ojos del niño y decirle “tu puedes”.

 

Todas las empresas afirman que necesitan personas creativas y capaces de pensar por sí mismas. Lo que se busca es creatividad, innovación, flexibilidad, versatilidad, adaptabilidad, resiliencia, cooperación,…

 

¿Cómo debemos educar a nuestros alumnos para encontrarse con lo extraordinario y desafiante de vivir en el siglo XXI? Debemos ir más allá.

 

Debemos educar no solo “buenos matemáticos”, sino “matemáticos creativos” que puedan adaptarse a los cambios, que se arriesguen y encuentren nuevas fórmulas, que se adapten a las circunstancias que encuentren, que puedan manejar lo no previsto… Para ello tuvieron que aprender matemáticas en una escuela en la que se daba importancia a obtener significados personales a través de la educación matemática, en la que se reflexionaba, en las que se conectaban los números con los sentimientos y las emociones,… Una escuela en la que el aprendizaje era apasionante y cálido, comprensivo e intelectualmente estimulante.

 

Debemos tomar conciencia de la importancia de la educación y entender que los primeros años de vida son decisivos.

 

Nuestra responsabilidad como escuela infantil es enorme y nos enfrentamos a ella cada día con compromiso, vocación y pasión. ¡Este es nuestro talento!.

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